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La beca Future of the American Child de la Fundación Nacional de Prensa, que cuenta con el apoyo de la Fundación W.K. Kellogg, tiene como objetivo capacitar a los periodistas para que puedan elaborar reportajes precisos y exhaustivos sobre las políticas y los problemas que afectan a los niños y niñas y a las familias, con el fin de mejorar la cobertura informativa sobre el bienestar de los niños y niñas. Los periodistas tienen la oportunidad de escuchar a expertos nacionales y aprender técnicas para ampliar su trabajo informativo sobre temas como la seguridad económica de los niños y niñas y las familias, así como la salud y la educación infantil y el sistema de justicia juvenil. El siguiente reportaje es de Jennifer Brookland, del Detroit Free Press, que participó en el programa de becas y comparte su experiencia con el reportaje “Centering Pregnancy transforma la atención prenatal, y no se limita a los chequeos médicos”.
Rodeada por el equipo de atención a la salud de la mujer del hospital Rainbow Babies de Cleveland, con una bolsa llena de folletos en la mano y garabateando en mi cuaderno de periodista, me di cuenta de algo incómodo. Quizás había metido la pata.
Hace apenas unos años estuve sentada en una habitación de hospital como esta junto con un grupo de otras mujeres embarazadas, pasándonos un tensiómetro y hurgando en una canasta de refrigerios mientras bromeábamos sobre la necesidad de orinar.
Era mi primera sesión dentro de un modelo grupal de atención prenatal llamado Centering Pregnancy, y no estaba prestando mucha atención.
En aquel momento, el programa Centering Pregnancy me pareció que era una manera de que el hospital realizara muchas consultas prenatales a la vez y de que las madres primerizas pudieran hacer todas sus preguntas. Este era mi segundo embarazo, a la vieja usanza, y me dije a mí misma que tenía que regresar al trabajo.
Me salí del grupo.
Sin embargo, ahora que participaba en la beca de periodismo The Future of the American Child, organizada por la Fundación Nacional de Prensa, donatario de la Fundación W.K. Kellogg, me di cuenta de que Centering Pregnancy era un método realmente interesante y de rápido crecimiento para ofrecer atención prenatal holística a mujeres que, de otro modo, podrían carecer gravemente de apoyo médico y social.
El equipo de Rainbow Babies nos explicó que las mujeres que participan en el programa tienen menos probabilidades de sufrir un parto prematuro y que la mortalidad infantil de los bebés de las madres inscritas es menor. En una ciudad como Detroit, donde la tasa de mortalidad infantil de los bebés de raza negra es tres veces superior a la de los bebés de raza blanca, una intervención como Centering era algo más que un grupo de actividades para futuras madres: era una manera significativa de abordar las graves disparidades en materia de salud.
No había pensado en ninguna de estas cosas cuando tomé una barrita de granola gratis, me subí a una báscula y ni siquiera me molesté en regresar al grupo. Pero recapacité, y ahora estaba dispuesta a analizar más detenidamente lo que este tipo de atención prenatal podía hacer por una persona o por una comunidad.
No tenía ni idea de que los grupos de Centering suelen abordar las necesidades básicas de las embarazadas, como la vivienda y el acceso a alimentos nutritivos. Tampoco sabía que los grupos podían consultar a un especialista en salud mental perinatal o aprender técnicas para reducir el estrés. Ni sabía que a veces participan asesores del sueño y de lactancia, ni que en algunos centros de salud los grupos de Centering Pregnancy se transforman en grupos de Centering Parenting, donde los nuevos padres y los recién nacidos pueden continuar recibiendo atención médica grupal.
La visita del grupo de becarios a Rainbow Babies no solo me demostró que valía la pena cubrir este enfoque, sino que me preparó para hacer preguntas a los proveedores de atención a la salud de Michigan, para que pudiera capturar realmente qué tipo de valor aportaba el programa a las familias y al sistema de salud en general.
La historia que escribí sobre un grupo de Centering Pregnancy en una clínica de salud que atiende principalmente a la comunidad latina se enriqueció gracias a ello.
Para alguien que escribe exclusivamente sobre temas relacionados con los niños y niñas y la familia, puede ser fácil descartar las lamentables estadísticas, pensando que la gente ya las conoce. A los lectores de The Detroit Free Press no les sorprende que las mujeres de color tengan peores resultados en materia de salud materna o que sus hijos e hijas enfrenten más dificultades para prosperar.
Pero también considero que la gente quiere leer sobre soluciones y sobre lo que sus propias comunidades están tratando de hacer para mejorar la situación.
Disponer de tiempo y acceso a través de la beca para escuchar a auténticos expertos que comparten sus conocimientos, su experiencia y sus respuestas a preguntas sobre la salud y la seguridad de los niños y niñasme ha permitido reflexionar sobre los grandes problemas que afectan a la población infantil de nuestro país. Cuando regresé a la redacción al finalizar la beca, tenía dos cuadernos llenos de información, contactos e ideas para artículos. Muchas de ellas eran temas importantes, como la salud materna e infantil, que sabía que podía abordar localmente.
Los problemas que afectan actualmente a los niños y niñas y las familias son graves y alarmantes. Las personas sobre las que escribo a menudo se enfrentan a problemas que tienen su origen en la pobreza o la salud mental. Han sido víctimas de las deficiencias de los sistemas burocráticos estatales y carecen de recursos, apoyo e información.
Creo que no podemos limitarnos a escribir sobre las deficiencias del sistema y las lagunas de la red de seguridad. Tenemos que escribir sobre la red, para mostrar dónde funcionan las cosas o, al menos, dónde la gente se está esforzando. Porque cada vez que escribo sobre un programa como Centering Pregnancy, estoy señalando que algunos sistemas, como el de la atención a la salud, no están beneficiando a determinadas familias. Pero también explico cómo podría ser diferente. Demuestro que, por muy alarmantes que parezcan los problemas, hay gente dispuesta a ayudar en una habitación, sosteniendo una canasta de barritas de granola, tratando de ayudar.
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