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The Common Market: una respuesta generosa al COVID-19

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This post is also available in: English (Inglés) Kreyòl (Criollo Haitiano)

En 2020, The Common Market (el Mercado Común), un donatario de la Fundación W.K.  Kellogg (WKKF) con sede en Filadelfia, encontró una manera de distribuir 1.1 millones de despensas de alimentos de emergencia y, al mismo tiempo, apoyar la viabilidad de 132 granjas familiares. Hizo todo esto durante la pandemia por COVID-19 y sus consecuencias económicas o lo que el cofundador Haile Johnston considera un “desastre natural”.

The Common Market se fundó en 2008 por parte de Johnston y su esposa, Tatiana García-Granados. La organización ha crecido para trabajar con más de 900 socios comunitarios en 3 regiones. Distribuyen alimentos de granjas familiares sostenibles en comunidades desatendidas. Los alimentos cultivados a nivel local se trasladan a través de las redes de The Common Market en el Atlántico Medio, el Sureste y el estado de Texas.

“Este trabajo genera reciprocidad y respeto entre la población urbana y rural”, explica Johnston. “Hemos construido relaciones en todo tipo de comunidades y de personas”.

Su adaptación durante la pandemia refleja este enfoque en las relaciones y sus vínculos de por vida con la comida.

CON ARRAIGO EN CASA

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El matrimonio conformado por Haile Johnston y Tatiana García-Granados encontró una manera de complementar la respuesta alimentaria de emergencia con productos frescos de la granja.

García-Granados creció en una granja de hortalizas propiedad de su padre en Guatemala. Cuando las negociaciones salían mal o las caídas del mercado afectaban su negocio, la cocina familiar se llenaba de los tomates y brócolis que no podían vender. Por otro lado, Johnston, quien nació en Filadelfia, recuerda con cariño que su padre lo despertaba temprano los fines de semana para conducir al campo de Pensilvania. Llenaban su automóvil con calabazas y frutas para vender en las zonas urbanas de la ciudad que no tenían fácil acceso a alimentos frescos.

“Ambos crecimos con madres que eran cocineras increíbles”, dice García-Granados, “y nuestros papás eran empresarios de alimentos. Lo llevamos en la sangre”.

Como una pareja joven, en 2003, se mudaron al vecindario Strawberry Mansion en Filadelfia, atraídos por la histórica comunidad de raza negra que alguna vez fue el hogar de artistas como John Coltrane. Cuando Johnston y García-Granados se instalaron, las familias con mayores recursos económicos se habían mudado. Si bien la cultura permaneció, la vida de la gente que permaneció se vio afectada por la ruina, el vacío y la pobreza.

“Queríamos trabajar junto a nuestros vecinos para convertir el vecindario en un lugar donde la gente quisiera quedarse”, explica Johnston.

Como parte de su trabajo como una organización de desarrollo comunitario en el vecindario, involucraron a los jóvenes en proyectos para mejorar los terrenos baldíos, limpiando, plantando flores y cultivando hortalizas. Con el tiempo, el grupo de vecinos se encargó de mantener más de 14 acres de terrenos baldíos no contiguos en Strawberry Mansion, y ganó también una perspectiva de otro nivel respecto a los desafíos de la comunidad.

“A medida que conocimos a las familias de los jóvenes, comenzamos a comprender cómo las enfermedades relacionadas con la dieta y la disparidad de enfermedades estaban afectando su capacidad para trascender la pobreza generacional”, explica Johnston. “Nuestro análisis fue, a nivel funcional, que las personas no pueden salir adelante porque tienen enfermedades cardíacas o diabetes, y todos estos padecimientos están relacionados con la calidad de los alimentos que llegan a nuestra comunidad”.

Un recorrido por la zona urbana con su equipo los llevó a darse cuenta de algo que cambió sus futuros para siempre. “Por casualidad, nos topamos con una gran subasta agrícola a una hora de distancia en una zona rural”, recuerda García-Granados. “Y mientras estábamos allí, nos dimos cuenta de que no solo las comunidades como la nuestra están desconectadas de la comida saludable. Había un gran número de pequeños agricultores familiares que no tenían acceso a los mercados y estaban a merced de este sistema de subastas”.

Reconocer la desvinculación entre estas dos comunidades fue el punto de partida de The Common Market y decidieron llevar las frutas y verduras producidas en pequeñas granjas a comunidades como la de ellos.

CONSERVAR LA DIGNIDAD DURANTE UNA EMERGENCIA

En condiciones normales, la comida de The Common Market se destina a centros de infancia temprana, escuelas, hospitales, asilos de ancianos y prisiones, que son instituciones lo suficientemente grandes como para pedir grandes cantidades de productos. Durante el proceso, agregan los productos de los pequeños y medianos agricultores.

Sin embargo, a principios de 2020, la pandemia por COVID-19 lo cambió todo.

“Cuando todo comenzó a cerrarse en marzo, había una incertidumbre muy profunda; no sabíamos qué iba a pasar”, recuerda Johnston.

Como dice Johnston, “Los productos agrícolas ya estaban saliendo de la tierra”, cuando los centros de educación infantil y las cafeterías de los asilos de ancianos, los hospitales y las cárceles cerraron. Los socios y las socias agrícolas de The Common Market habían planeado sus cultivos tomando en cuenta estas instituciones.

Su desafío fue diseñar estrategias para cumplir con sus compromisos con los agricultores y las comunidades urbanas a las que atienden.

La Guardia Nacional recibe pallets de alimentos frescos de granja de The Common Market en la ciudad de Nueva York, mayo de 2020.

Luego, llegó una solicitud de propuestas de la ciudad de Nueva York, la primera comunidad que se vio seriamente afectada por el coronavirus. La ciudad buscaba las llamadas cajas de despensa. El personal de The Common Market dio por hecho que querían un enfoque tradicional para la distribución de alimentos de emergencia, es decir, artículos no perecederos que a menudo no son las opciones más saludables. Aun así, decidieron aprovechar la oportunidad, y se aceptó su propuesta de cajas con productos frescos de la granja. Posteriormente, se realizó un contrato similar en Atlanta, junto con un donativo para distribuir alimentos a través del Central Texas Food Bank.

El programa Cajas con productos frescos  de la granja de The Common Market ofrecía porciones individuales de frutas, verduras, y productos horneados y lácteos en cajas que podían distribuirse de manera segura mientras la población permanecía en casa.

Los comentarios de quienes recibieron las cajas alentaron a The Common Market a ampliar su programa.

Janice, de la ciudad de Nueva York, escribió: “Tengo más de 60 años de edad y vivo en Jackson Heights en la ciudad de Nueva York, en lo que ahora es la zona con más muertes del mundo debido al coronavirus. Me mantengo saludable, pero no deseo salir a caminar. Pero, ayer, su caja llegó con pan fresco, frijoles secos, papas, una remolacha, col rizada, deliciosos tomates triturados enlatados y queso cheddar.

“Lo primero que pensé fue que alguien quiere que viva y casi lloré”.

CONSERVAR LA DIGNIDAD DURANTE UNA EMERGENCIA

Con este tipo de compromiso, The Common Market buscó y obtuvo contratos con el USDA, que iniciaron en USD 5.7 millones en mayo y otros USD 7.6 millones en agosto. Los productos frescos de granja y las cajas de productos lácteos llegaron desde las granjas del Atlántico Medio hasta las comunidades de Nueva Jersey, Pensilvania, Washington, D.C. y desde las granjas del sureste hasta Tennessee, Georgia y Alabama. La necesidad creció tan rápido que The Common Market no solo cumplió con todos sus compromisos con los agricultores, sino que también terminó buscando establecer nuevos vínculos más allá de su red.

Los agricultores que trabajan con The Common Market se enorgullecen de ofrecer ayuda de emergencia.

“Saber que somos parte de la solución para alimentar a las personas que están atrapadas en Nueva York hace que todo el estrés valga la pena. Me enorgullece y me hace sentir que nuestro trabajo es importante”, escribió Steven P. Frecon, un agricultor de Boyertown, Pensilvania.

Y agregó: “La alianza con The Common Market nos ayuda a conservar la viabilidad de nuestra granja, y mantuvo fuentes de empleo mientras millones de estadounidenses estaban desempleados, y además distribuyeron nuestra fruta a las personas que más lo necesitan. Este es el motivo por el cual sembramos”.

Howard Berk, propietario de Ellijay Mushrooms en Ellijay, Georgia, escribió: “The Common Market nos ha dado un sustento en estos tiempos de incertidumbre”.

Antonio, de Welcome Atlanta, se siente orgulloso de lo fuerte que es gracias a las verduras.
Uno de los ayudantes más jóvenes de Backyard Basecamp se asegura de que las familias de Baltimore reciban alimentos frescos durante la pandemia.

TRASPASAR FRONTERAS Y CREAR VÍNCULOS

Linda Jo Doctor, directora de programas de la WKKF, recuerda haber conocido a Johnston en una reunión hace muchos años y escuchado la visión inicial. “En ese momento, él y otros socios comunitarios aspiraban a crear un sistema de distribución mayorista enfocado en equidad racial; los agricultores, incluidos aquellos de color, recibirían el pago por adelantado mientras observaban los precios para asegurarse de que fueran accesibles para las comunidades”.

El enfoque de The Common Market refleja las interconexiones entre la producción de alimentos, la salud y los medios de subsistencia dentro de las comunidades, así como el bienestar de los niños y las niñas y las familias.

“Tatiana y Haile tienen una capacidad extraordinaria para desarrollar ideas”, dijo. “Se mantienen fieles a sus principios y aprovechan las oportunidades en la medida de lo posible. Son muy reconocidos como líderes en este ámbito”.

Y, gracias a cómo funciona The Common Market, pudieron dar un giro y responder a los desafíos extraordinarios que se presentaron el año pasado.

La dueña Shakera Raygoza ofrece un recorrido por Terra Preta Farm en Edinburg, Texas.

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