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El agua es algo que cuidamos juntos: Justicia del agua en Chiapas

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Photo credit: Marco Girón

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En una calurosa mañana en el distrito municipal de Sitalá, Chiapas, más de dos docenas de miembros del patronato local del agua se reunieron cerca de un manantial de agua dulce que abastece a sus comunidades. Adultos, niñas y niños permanecían juntos mientras los líderes de la comunidad hablaban de los beneficios del agua potable para sus familias y cultivos, examinaban el vallado de protección y comentaban cómo había resistido el sistema la última temporada de lluvias.

Durante años, este tipo de gestión colectiva parecía fuera de nuestro alcance.

“Solíamos depender de sistemas que se averiaban o de fuentes de agua que no podíamos proteger”, recuerda María Luisa Gómez Pérez, líder comunitaria de Sitalá y miembro de la asociación de patronatos de agua municipales. “Cuando algo fallaba, las familias quedaban solas”.

Hoy, esa realidad está cambiando.

Crédito de la foto: Marco Girón
A través de una asociación con Cántaro Azul, miembro de la Alianza Crecer Juntos Sitalá (ACJS) que incluye varias organizaciones apoyadas por la Fundación W.K. Kellogg (WKKF), las comunidades de Sitalá están fortaleciendo sus sistemas de agua no sólo mediante la construcción y reparación de infraestructuras, sino también mediante la reconstrucción de la confianza, la mejora de las capacidades y la toma de decisiones colectivas en torno a los derechos sobre el agua.

De la escasez a la responsabilidad compartida

Sitalá es un municipio rural, mayoritariamente indígena, situado en el sur de Chiapas, México. El acceso a agua limpia y fiable ha sido durante mucho tiempo un reto debido, entre otras cosas, a la sequía estacional, la contaminación del agua y el envejecimiento de las infraestructuras. Como resultado, las enfermedades gastrointestinales están muy extendidas, siendo una de las principales causas de muerte de niñas y niños menores de cinco años y provocando la desnutrición de la mitad de todas las niñas y niños.

Las familias que dependen de las fuentes de agua locales para beber y regar sus cultivos han tenido que superar muchos obstáculos. Así que, en lugar de llegar con soluciones prediseñadas, Cántaro Azul y otros socios de ACJS empezaron por escuchar.

“Nuestro trabajo empieza con una simple creencia”, dice Cyntia Reyes Hartmann, Directora Ejecutiva de Cántaro Azul. “Las comunidades ya tienen los conocimientos y el interés por mejorar el acceso al agua. Lo que ha faltado es un apoyo sostenido para convertir eso en seguridad hídrica a largo plazo.”

"Las comunidades ya tienen los conocimientos y el interés por mejorar el acceso al agua. Lo que ha faltado es un apoyo sostenido para convertirlo en seguridad hídrica a largo plazo".

En colaboración con las autoridades locales y los patronatos de agua dirigidos por los residentes, durante tres años Cántaro Azul facilitó un proceso participativo con 17 comunidades del distrito municipal de Sitalá para diagnosticar los problemas locales del agua y elaborar planes de acción conjuntos. Estos planes diseñados por la comunidad se han convertido en hojas de ruta para la mejora de las infraestructuras, rutinas de mantenimiento y nuevas prácticas de gobernanza comunitaria del agua.

Crédito de la foto: Marco Girón

En el pueblo rural de La Unión, las familias se unieron para proteger un manantial situado a casi cinco kilómetros. Construyeron nuevos sistemas de captación de agua de lluvia, instalaron vallas y promulgaron nuevos acuerdos comunitarios. Hoy, más de 150 familias disponen de una fuente de agua más segura y estable.

“Antes, el manantial era vulnerable”, dice Gómez Pérez. “Ahora tenemos normas, tomamos turnos para cuidar el manantial y todo el mundo entiende por qué es importante”.

Infraestructuras construidas por la comunidad

En otros pueblos de Sitalá, como Paraíso Chicotanil y San José Terranova, las mejoras han adoptado la forma de sistemas de recogida de agua de lluvia para las viviendas familiares, tanques de retención rehabilitados y otras mejoras de las infraestructuras.

Pero lo que realmente destaca no es lo que se ha construido, sino cómo.

Las familias transportaron materiales, prepararon las obras y trabajaron junto a los equipos técnicos para completar la instalación. Este esfuerzo compartido fomentó un sentimiento de propiedad y profundo orgullo.

“Cuando la gente ayuda a construir el sistema, lo protege”, señala Hartmann. “Las infraestructuras son importantes, pero lo que realmente sostiene el acceso al agua es la gobernanza comunitaria”.

Mujeres liderando el camino

Esa gobernanza incluye cada vez más a las mujeres.

Las mujeres desempeñan ahora funciones de liderazgo visibles en los patronatos locales de agua y en la Asociación de Patronatos de Agua del Municipio de Sitalá (Association of Water Committees of Sitalá – APAMS), que reúne a 35 líderes de todo el distrito.

“Durante mucho tiempo, las mujeres hacían el trabajo de gestionar el agua en casa, pero no en los espacios públicos”, explica Gómez Pérez. “Ahora formamos parte de las decisiones. Hablamos en las asambleas. Representamos a nuestras comunidades”.

Crédito de la foto: Marco Girón

Gracias a la capacitación sobre la calidad del agua, el mantenimiento de los sistemas y la gestión financiera, las mujeres están adquiriendo las habilidades necesarias para mantener estos sistemas a lo largo del tiempo.

Los patronatos de agua y las organizaciones comunitarias también se han comprometido directamente con los candidatos a la alcaldía, elevando el agua y el saneamiento a la categoría de prioridades públicas urgentes. Sus esfuerzos se han plasmado en la Agenda Chiapas por el Agua, una hoja de ruta comunitaria para la justicia del agua que ha obtenido reconocimiento a nivel municipal, estatal y nacional.

Por qué es importante Sitalá

La historia de Sitalá forma parte de un movimiento más amplio. En todo el estado de Chiapas, el enfoque comunitario de Cántaro Azul ha ayudado a miles de familias, ha formado a cientos de gestores locales del agua y ha demostrado que el acceso sostenible al agua depende tanto de los sistemas sociales como de los técnicos.

Pero en Sitalá, el impacto se siente en los momentos cotidianos: un niño o una niña que bebe agua limpia en casa, una mujer que se dirige con confianza a una asamblea, una comunidad que elige la cooperación frente a la escasez.

Como reflexiona Hartmann: “La justicia del agua no empieza en los despachos ni en las políticas. Empieza cuando las comunidades se dan cuenta de su poder y reciben apoyo para actuar en consecuencia”.

Crédito de la foto: Marco Girón

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